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La economía del secuestro

Posted on September 4th, 2008 by César Salazar /

Definitívamente el tema que voy a tratar no es chistoso, sin embargo, trataré de aligerar la lectura.

El día de hoy recibí un correo de una prima que a su vez estaba reenviando un mensaje que recibió de un tal “Beto”. El mensaje era una de esas cartas abiertas para concientizar a los lectores de los peligros y abusos de la actualidad, en este caso el secuestro. Como en otros mails que he recibido, el autor cuenta su historia para ejemplificar la forma en la que los delincuentes actúan y con ello ayudar a evitar que otras personas salgan perjudicadas por las acciones atroces de estos individuos.

Si bien, tomaré el mensaje para protegerme a mí mismo y compartiré la información con la gente que me rodea, lo que más me impresionó fue la situación que refleja el correo: Una innovación más en el modelo de negocio del secuestrador.

¡Pagar por no ser secuestrado!

Si nos remontamos a tiempos antiguos, el secuestro ha existido desde tiempos milenarios. Claro que las razones eran diferentes. En siglos anteriores, el secuestro era un mecanismo de extorsión para obligar a las personas con mucho poder a realizar acciones contrarias a sus intereses. Era así como hay casos documentados de princesas secuestradas para hacer que el rey cediera un territorio o incluso la corona misma.

Con el tiempo, la figura del secuestro se hizo más pragmática y su resultado más trnasaccional. El secuestro pasó a ser una forma de intercambiar a un ser querido por una suma de dinero suficientemente alta como para justificar el riesgo pero suficientemente baja para permitir que el interesado pudiera o quisiera pagarla; justo como ocurre en cualquier otro mercado.

Así transcurrieron mucho años hasta que los inhumanos delincuentes se volvieron más innovadores e intentaron otros modelos de negocio, más efectivos en mayor o menor medida.

Secuestro exprés

Este tipo de plagio, como casi todos sabemos, consiste en privar a una persona de su libertad durante un período corto de tiempo (generalmente menos de 12 horas) y tomarlo a él mismo como el responsable de pagar por su libertad. Con este tipo de secuestro, se corre menos riesgo ya que el número de personas involucradas es menor y con ello se reduce la posibilidad de entrar en contacto con las autoridades. Sin embargo, a menor riesgo, menor ganancia. La limitante de hacer que el secuestrado sea tenga que pagar su propio rescate, hace que el monto se se pueda cobrar no sea tan alto. Generalmente, se hace mediante tarjeta(s) de crédito o débito en cajeros automáticos.

Falso secuestro

Otro tipo de extorsión más inovadora aún es el falso secuestro. Después de todo, ¿porqué secuestrar realmente a la persona si se puede hacer creer a los familiares que la persona corre peligro y que deben pagar un rescate? Los delincuentes dedicados a este segmento se dedican a hacer lo que en tecnologías de información conocemos como minería de datos (pero de manera manual). Utilizan un conjunto muy pequeño de datos al respecto de una persona (por ejemplo, su teléfono) y realizan procedimientos para conocer más datos sobre la misma. Algunos de los más conocidos son llamar al domicilio y hacer preguntas estratégicamante planeadas para sacar información de la persona que contesta. Con esta información extra pueden hacer búsquedas en Internet o en períodicos y a más información, más posibilidades de obtener más de ella.

Una vez que determinan que tienen suficiente información como para realizar el engaño, se comunican con la familia y utilizan mecanismos de liberación de datos muy avanzados para hacer creer a la víctima que en verdad tienen secuestrado a su ser querido. La víctima es persuadida para pagar el rescate y una vez que lo hace, se entera de que todo fue una farsa.

Este tipo de práctica también está enfocada en reducir el riesgo al no cometer el delito de secuestro directamente sino simplemente simularlo. Aunque esta extorsión es brutal, no conlleva el riesgo inherente de capturar a una persona por la fuerza. Como en el caso anterior, a menor riesgo, menor ganancia. Típicamente, se debe pedir una cantidad más pequeña como rescate ya que debe ser pagada en muy poco tiempo (antes de que la víctima descubra que la persona no estaba realmente secuestrada). Generalmente deben ser cantidades fáciles de retirar o de depositar en una cuenta bancaria común y corriente.

Pago por no secuestro

¡Este es el colmo de los secuestros! Una vez que los delincuentes aprendieron a hacer minería de datos, ahora no se toman la molestia de fingir tener secuestrada a la persona, simplemente le persuaden de pagar por no ser secuestrada. Utilizan la información obtenida acerca de la víctima potencial y la torturan psicológicamente de manera telefónica para que pague por no sufrir un atentado a su libertad.

Una vez que la persona es persuadida del peligro, le piden que haga una oferta por su vida, es decir, que sea ella misma quien ponga el precio de su rescate. Al parecer, los secuestradores se han dado cuenta de que el la ley de la oferta y la demanda lo imporante no es cuanto quiere cobrar el ofertante sino cuanto está dispuesto a pagar el demandante. Así mismo, han notado que no todas las personas reaccionan igual y cada persona, dependiendo de su contexto social y económico, está dispuesta a pagar una cantidad diferente de billetes por el mismo beneficio.

Si la oferta satisface al delincuente, este le da una forma de pago a la víctima y consolida su crimen.

Cabe mencionar que casi cualquier oferta pudiera satisfacer al delincuente debido a que no corre mucho peligro al aceptar una cifra pequeña ya que no existen mecanismos suficientes para que el “consumidor” conozca el precio adecuado por no ser secuestrado. En sí, el secuestrador hace uso del concepto de “compra de pánico” la cual consiste en que el comprador esté en un estado de ansiedad tal que pierda la posibilidad de evaluar adecuadamente riesgo y precio y se decida a pagar un precio muy alto por algo que tiene un valor relativamente alto para la situación, pero realmente bajo en función de la probabilidad de que el peligro sea verdadero.

Increíble.

Me parece muy triste el estado de inseguridad al que hemos llegado y la facilidad con la que los delinecuentes siguen innovando al tiempo que los organismos de seguridad pública siguen operando como lo hacían hace 20 o 30 años. Si bien la innovación es un claro habilitador de la competitividad y el bienestar de las naciones, también puede ser un arma de destrucción si se encunetra el las manos incorrectas y la contraparte no hace lo necesario para mitigar la amenaza.

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